POCO A POCO | PENSAMIENTO

Hay una mañana de tu monótona vida en la que te levantas de la cama y de pronto todo cambia y nada vuelve a ser igual.

Si lo piensas, te das cuenta de que, las personas que creías que nunca se irían, se van sin más, sin una explicación ni un perdón. Incluso sin ni siquiera despedirse.
Cuando seas consciente de tu dolor, y no quieras que nadie lo vea, serás capaz de pintarte una sonrisa haciendo creer que estás bien.

¿No te parece increíble? Nadie te verá llorar y ni sabrá que te estás muriendo por dentro, aunque ya no brilles y todo será oscuro a tu alrededor, pero para los demás todo será igual.

Aunque la vida siempre nos sorprende, terminarás volviendo a estar bien, sin saber cómo ni porqué, aunque lo segundo puede ser la respuesta más fácil de contestar. Quizá no llegue el día en el que controles el dolor, pero sí cómo gestionar la manera en la que afecta en ti día a día. Cuando dejes de buscar respuestas y aceptes que nada es para siempre, sabrás que nadie es para siempre.

Con el tiempo, poco a poco, tu corazón se irá liberando del dolor y volverás a tener ganas de sonreír, de cantar, de bailar, sin importar lo bien que se te dé.

¿Recuerdas ese brillo del que te hablaba antes? Aunque lo hayas perdido, no te preocupes, volverá a ti, deslumbrado a todos e iluminando cualquier lugar oscuro. ¿Por qué? Porque siempre volvemos a ser nosotros mismos.

Aunque no lo parezca, ese esfuerzo que haces hoy para avanzar, será recompensado.
Así que te animo a que respires, aceptes lo que viene y vive lo que te toca vivir. Todo volverá a ser lo que fue.

CITA EN EL OCULISTA

 Cada vez se me nubla más la vista, no puedo ver lo que tengo delante. No sé cómo estoy escribiendo. Siento como mis sentidos se ponen de acuerdo para hacer que plasme lo que siento.

Guiándome por la inercia, dejo que mis dedos hagan el trabajo, mientras yo procuro hacer lo imposible por eliminar esta difusión.

Es en estos momentos cuando me planteo qué estoy haciendo, por qué no estoy disfrutando mis días al completo.

Sigo escribiendo desde el mismo asiento, esta vez solo, pero siendo el mismo que algún día prometió ser distinto.

Nunca me ha gustado ir solo a los sitios, pero esta vez es diferente: tú no estás. Si esto es lo que me hace pensar una cita en el oculista, no me imagino cuando vaya al dentista.

NO LO SOY | PENSAMIENTO


NO LO SOY

Esto va dirigido a mi yo del pasado, aquel que siempre tuvo las aspiraciones demasiado altas y creía que, todo con esfuerzo, sería posible.

Han sido demasiadas las noches que te has pasado en desvelo, en un constante insomnio provocado por la falta de entendimiento. Habrá momentos en los que te encuentres solo, donde el único aliado serás tú mismo, pero no te dejes engañar, a menudo, será tu inconsciente el que te perjudique.

Déjate guiar por tu psique. Has nacido con un propósito, todavía disfrazado de incógnito. Creo que vas por el buen camino, aunque siempre haya gente que se quiera hacer suyo el que siempre ha sido tuyo.

No te dejes guiar por los demás, sus constantes críticas harán que, con muchas lágrimas y comeduras de cabeza, tu vida tenga alguna salida.

Sé lo que me vas a preguntar y no: No lo soy, no soy esa persona en la que siempre te has inspirado. Tampoco he llegado a ser veterinario, así que no he cumplido con la promesa que tú y yo sabemos.

No te martirices, quizá exista otro mundo en el que nuestras esperanzas y sueños se hagan realidad y, aunque no lo sea, debes luchar por serlo. Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser.

Lo que eres está gravado en tu esqueleto, solo necesitamos saber de qué pasta estamos hechos y espero que con el paso del tiempo podamos saberlo. Seguro que habrá momentos en los que debatas contigo mismo si es más digno para el alma ser aquello que te han propuesto o no ser lo que te has propuesto buscar en algún momento.

Puede que no me estés entendiendo y que, cuando sepas a qué me refiero, será demasiado tarde para cambiar. Por eso espero que esta carta viaje en el tiempo y deshaga mis hechos en humo negro.

Como decía Shakespeare, «duda que son de fuego las estrellas, duda si al Sol el movimiento falta, duda lo cierto, admite lo dudoso», pero te pido que, por favor, de ti mismo nunca dudes, aunque sea la parte más difícil.

Ah, un último consejo: no te dejes guiar por él, no todo lo que brilla es oro.

MAR | PENSAMIENTO


Lo necesitaba.
Sentir el mar de nuevo,
el oleaje rozándome.

Las gotas de agua
mojando mi cara.

Volver a ser libre
todo el tiempo posible.

Necesitaba volver a respirar,
sentir que puedo caminar.

Necesitaba reír,
confiar en mí.

Sentir el sonido de la espuma
deshaciendo sus burbujas.

Necesitaba pensar,
llorar y recapacitar.

Ser Orfeo
de nuevo
sin importar el miedo.

Conectar con esas v
oces,
aunque sufra como antes.

El Valle Plateado.


NADA | PENSAMIENTO


¿Alguna vez has sentido que no vales nada?

A menudo, mientras camino por la calle, se me desenfoca la mirada. Aprovecho para reflexionar y escuchar a esas voces que no me dejan en paz. 

Me quedo en silencio y busco la manera de demostrar lo que siento. Cada día tengo menos fuerzas para seguir, de callar a esas voces que me hacen sentir todo lo contrario a sonreír.

Es verdad que la vida está hecha para los más fuertes y, aunque la vida no deja de ponerme la zancadilla, no he dejado de levantarme. No sé, puede que yo no sea uno de esos fuertes que, a pesar de sus errores, crecen.

Procuro buscar señales donde no las hay. Creo que, en esta ocasión, la calle me está intentando decir algo y, por una vez, las voces tienen razón: es mejor dejarlo.

HE SOÑADO



Hoy he soñado. Por primera vez, en mucho tiempo, no he tenido una pesadilla.

Como de costumbre, me encontraba en una cueva oscura e inmensa. Todo era igual de aterrador: manos desconocidas intentando tapar mis ojos, aunque esta vez conseguí hacer algo que nunca podía haber imaginado: me escapé. Escalé las paredes de la dichosa cueva y, aunque sus punzantes piedras conseguían desgarrar mi piel, llegué al final.

Desde allí, el sol me deslumbraba y, aunque me cegara, podía respirar. Los pájaros cantaban y el inmenso vacío azul ya no era aterrador, sino esperanzador.

Quiero buscarle el lado bueno a este sueño, un sentido que no he percibido porque siempre me aíslo. La ansiedad me sobrepasa, mis complejos me atacan, pero confío en salir de aquí y poder disfrutar de unas vistas que aún no me guían.

PLATAFORMAS


Estas son las principales plataformas en las que Los pensamientos de Orfeo está disponible.

TALLER POESÍA

Nunca he tenido dificultades a la hora de empezar a escribir, pero en esta ocasión es diferente. No he estado en mis mejores momentos (como ya suele ser costumbre), pero me he obligado a no quedarme quieto, a avanzar y recapacitar.

No es la primera vez que hablo sobre mi vida en el instituto, pero esta vez voy a contar algo nuevo. Mi vida académica nunca ha sido sobresaliente y mucho menos mi experiencia dentro del centro escolar. He fracasado muchas veces y recibido ataques verbales, pero nunca nada de eso me ha detenido y es hoy cuando me paro a pensar en: ¿por qué no me rendí? Creo la respuesta es: porque nunca me lo planteé.

Hace poco he avanzado como persona y escritor. Me he armado de valor y he afrontado esos miedos del pasado que os había mencionado en otras ocasiones para acudir de nuevo a mi antiguo instituto.

Fueron muchas las emociones que se mudaron en mi cabeza en el momento de poner mi pie derecho en la entrada del centro, muchos flashbacks recordándome los momentos en los que paseaba con mis «amigos» por los pasillos, los pensamientos recurrentes de mi yo del pasado habían vuelto a mí, como si me hubieran estado esperando durante todo este tiempo en el instituto. Por suerte, Alceo lo había notado y no me dejó pensar en ni un solo momento. ¿Cómo explicarlo? Por un momento y, por increíble que parezca, había vuelto al pasado, podía ver cada detalle con precisión, pero fue la mano de Alceo la que me trajo al presente.

Conforme pasaba el tiempo, era capaz de controlar todas las emociones para concentrarme en mi objetivo de ese día: dar tres talleres de poesía.

Efectivamente, quién lo hubiera dicho al que iba ser Orfeo que estaría hablando de uno de los mundos que más le gustaba en el sitio donde más había sufrido. Debo aclarar que no todo fue malo, pero un adolescente en su etapa estudiantil casi nunca guarda los buenos recuerdos.

No solo a mí me ha marcado el recuerdo del instituto, sino que también era el instituto quien me recordaba, pues la primera persona que vi era mi profesora de plástica que, a pesar de la mascarilla, me había reconocido (tal vez porque tenía los mismos ojos de pánico con los que entraba cada día a sus clases). Fue bonito conversar con ella desde un punto de vista adulto. Las conserjes, como siempre agradables, también me reconocieron y entablaron conversación conmigo. Me sentí, por primera vez en ese lugar, vivo.

Poco después conocí a dos profesoras que no había conocido hasta ese día y que me hicieron sentir como en casa llenando mi experiencia allí de simpatía y bienestar.

Fue entonces cuando vi a las que marcaron mi futuro: mi profesora de latín y griego junto con la de Lengua Española y Literatura. Juntas empezaron a ponerme al día de todo lo que había pasado en esos cuatro años en los que había permanecido ausente. ¡Cuántos recuerdos!

Llegó el momento de actuar, de enfrentarme a los más jóvenes y de demostrar, no solo a ellos, sino a mí, en lo que me había convertido.

Empezaré a relatar lo que he sentido en el taller de Ciclos otro día porque hoy quiero que veáis y escuchéis (dentro de la posibilidad con la mala calidad de audio) cómo ha sido hablar de lo que es la poesía y cómo es mi corazón gracias a ella.

Link a Youtube: Pulsa aquí.

La noche de Libertas


 

-          Y, por último, tenemos el caso de Diana, la joven que murió a manos de su pareja la pasada noche. Los vecinos afirman que Francisco, su marido, había llegado a altas horas de la mañana gritando y apenas vocalizando todo lo que decía. «Estábamos algo preocupados, pero lo último que piensas es que las cosas iban a acabar así», nos decía entre lágrimas una de sus vecinas. Esto ha sido todo, muchas gracias. Nos vemos en el siguiente informativo. Buenas noches.

Inmediatamente, mi madre apagó el televisor y me mandó recoger todo lo que estaba encima de la mesa. Últimamente estaba algo callada y seria, como si hubiera visto un fantasma. Papá no había vuelto a casa desde hacía dos días, no sabíamos donde estaba, o por lo menos yo no lo sabía.

-          ¡Laura! ¿¡Quieres dejar de andar en las nubes!?

-          ¡Sí!, perdona, mamá…

-          A saber en qué estás pensando… Llevas una temporada muy dispersa.

No le faltaba razón, mi mente estaba desconectada de mi cabeza, no podía concentrarme en nada de lo que me proponía hacer, ¡ni siquiera en recoger la mesa! No sabía que me ocurría, supongo que sería por no saber en dónde estaba mi padre y preguntarle a mamá por su paradero, sin recibir un grito en el intento, era tarea imposible.

De camino a mi cuarto, empecé a darle vueltas a la última noticia del informativo. Nunca me había parado a pensar en los casos de esas chicas que mueren a manos de sus parejas o en la calle… Se me ponen los pelos de punta y ya no solo en pensarlo, sino en darme cuenta de que la sociedad apenas hace nada para remediarlo; no hay más que ver el informativo, ¿por qué es la última noticia del telediario? ¿Acaso es de menor importancia? ¿Por qué no abre el informativo? ¿Puede que la sociedad se esté cansado de escuchar «siempre lo mismo»? Ojalá pudiera saber las respuestas o, mejor todavía, poder arreglar el problema, pero, desgraciadamente, no puedo hacer nada.

A la mañana siguiente, de camino al instituto, mi amiga Mónica me había comido la cabeza con la idea de ir a la fiesta en su casa.

-          Venga, Laura, ¡tenemos 16 años! Tenemos que vivir la vida.

-          Mo, ya sabes que a mí no van las fiestas, si apenas salgo de noche…

-          Normal apenas tengas amigos.

-          ¿Por qué dices eso?

-          Laura, piénsalo. ¿Qué es lo que le gusta al 97% de los de nuestra edad? ¡Pues salir! Y si no conoces al 4% restante, está claro que no vas a encontrar a nadie con el que compartir tus gustos.

-          El 3%, querrás decir…

-          Bueno, eso.

-          A parte, ¿no es compatible el salir de fiesta con otras aficiones?

-          A nuestra edad no.

-          Bueno, pues ya me lo pensaré.

No voy a mentir si digo que esa oferta estuvo rondándome la cabeza durante toda la mañana. No me convencía el hecho de salir por la noche, aunque la casa de Mónica estaba a apenas un kilómetro de la mía, ¿qué podía pasar? Bueno, no podría tomar decisiones sin hablar con mi madre antes, claro, que con la que estaba cayendo por casa, seguro que me ponía trabas hasta para tomar el postre en la comida.

Al sonar el timbre que marcaba el fin de la jornada estudiantil, Mónica se puso a mi lado mientras yo tenía los auriculares.

-          Psss. ¡Oye! – Me quité los auriculares. – No intentes ignorarme.

-          No lo hago, solo quiero pensar.

-          Siempre pensando… Dime, ¿qué vas a hacer?

-          ¡Ay! Siempre con lo mismo. – Aceleré el paso. – No lo sé, Mo, tengo que hablar con mi madre primero.

-          Bueno, pues en cuanto sepas, me mandas un mensaje. – La llamaron el grupo popular de las chicas – Bueno, te dejo. ¡Cuento contigo!

No tenía ni idea de por qué me insistía tanto para ir, si siempre había hecho fiestas y apenas me lo había dicho.

Al llegar a mi casa, mi madre estaba terminando de hacer la comida y el sitio de mi padre en la mesa estaba vacío, por lo que podía imaginarme que aún estábamos solas.

-          Mamá… – No giró la cabeza. – ¡Mamá!

-          ¡Ay! Dime. – Apagó la campana extractora para escucharme mejor. – ¿Cómo te ha ido en el cole?

-          Instituto, mamá, ya no soy una niña. – Carraspeé. – Oye, hay una cosa que te quiero preguntar.

-          Sorpréndeme. – Me dijo mientras cortaba el pimiento.

-          Me preguntó Mónica si podía ir a la fiesta que hace en su casa esta noche… – Cerré los ojos con fuerza preparándome para escuchar sus gritos.

-          ¡Claro! Te vendrá bien despejarte, que últimamente estás en las nubes.

Tardé en hacerme a la idea de que me había dado el visto bueno para ir a algo que ella sabía perfectamente que no me gustaba. Mientras ella seguía cocinando, sin apenas dirigirme la mirada, le di un abrazo y me fui corriendo a la habitación para decidir qué ponerme.

-          ¡Oye! – Me gritó desde la cocina – ¡No olvides poner la mesa!

-          ¡Voy, voy!

Ya en mi habitación, le mandé un mensaje a Mónica con la decisión de mi madre. Inmediatamente, ya empezamos a mandarnos fotos de cómo nos quedaban algunos modelitos para la ocasión. No sé por qué, pero me hacía especial ilusión todo el plan.

Ya era de noche y antes de salir de casa, me paré frente a la puerta.

-          Cariño, ¿va todo bien? – Me dijo mi madre mientras me ponía su mano en el hombro. – ¿Quieres contarme algo?

-          No, estoy bien.

-          ¿Tienes miedo de ir sola?

-          No, ¡para nada! – Me fui sin pensarlo.

-          ¡Te quiero aquí a las 2 de la mañana!

Mientras me dirigía a casa de Mónica, eché la vista atrás, hacia mi casa, dos veces mientras veía cómo mi madre permanecía en la puerta hasta perderme de vista. No sé por qué, pero creo que ambas teníamos el mismo pensamiento.

Era una noche fría, con mucho viento, había un montón de ruidos extraños, pero no les di mayor importancia porque ya empezaba a ver la casa de Mónica. Inconscientemente aceleré el paso para llegar lo antes posible. Hasta yo me estaba dando cuenta de que estaba cagada de miedo.

Llegué al balcón de su casa y toqué el timbre. No abría nadie. Volví a pulsarlo. No recibí respuesta. De pronto, noté una presencia detrás de mí y, justo cuando iba a coger el móvil de mi bolso, me coloca su mano sobre mi hombro.

-          ¡Tía! – Era Mónica. – ¿Qué haces ya aquí? Tenías ganas de fiesta, ¿eh?

-          ¿A qué te refieres? – No entendía nada.

-          Pues que la fiesta empieza a las 23:00h. ¡Son las 21:00h!

-          Ah, pensé que las fiestas empezaban pronto…

-          ¡Ja, ja, ja! Eres de lo que no hay. No te preocupes, anda. – Me dio las bolsas de la compra – así me echas un cable.

Estuvimos más de dos horas preparando todo, con vasos reutilizables, globos, música y mucho alcohol. Me cambió de ropa, me puso una falda que, obviamente, no me gustaba y me dijo: «con esto seguro que no tienes tanto calor», no entendí muy bien esa frase, pero dejé la cosa fluir. La gente empezó a llegar sobre las 23:30. Muchos de ellos no los conocía, por no decir que solo conocía a tres personas.

Me sentía ridícula, nadie podía mantener un tema de conversación fijo y estable, nadie podía articular alguna palabra y los que lo hacían solo hablaban del calentón que tenían. Mis ganas de irme no dejaban de aumentar, pero decidí quedarme hasta el final por Mónica, mi gran amiga que, desde que vinieron sus colegas, no se acercó ni una sola vez hacia mí.

Con el tiempo comenzaban a unirse a la fiesta personas de edad más avanzada, por no decir que nos duplicaban la edad. A Mónica parecía no importarle, así que yo tampoco quise darle más importancia.

Me aburría mucho, no sabía qué hacer: no me gustaba la bebida, me daba vergüenza bailar, no conocía a nadie para mantener una conversación… Decidí sentarme en el sofá y empezar a contar las flores que tenía la falda que me prestó Mónica. Una hora y 277 margaritas después, se sentó un chico a mi lado. Lo conocía de verlo en el instituto, pero jamás me había atrevido a hablar con él.

-          ¿Tú también te aburres? – Me dijo con una mirada serena.

-          Sí, no me va mucho este mundo.

-          Bienvenida. – Me dijo con una sonrisa cómplice. – Yo no me pierdo ninguna, pero porque siempre hay algo que merece la pena dentro de este tumulto de música, alcohol y personas.

-          Ah, ¿sí? – Por fin parecía poder hablar con alguien. – ¿Qué es?

-          Te lo cuento luego, ahora voy al baño.

-          Muy bien.

Me quedé quieta y sola en ese sofá que poco a poco iba acumulando más vasos de plástico. Según el tiempo iba avanzando, más me preocupaba no saber nada del chico, así que subí las escaleras y me dirigí al baño para ver si lo encontraba. Ya se acercaba mi hora de vuelta a casa, así que solo quería saber su nombre. Según avanzaba por el pasillo, menos se escuchaba la música, la habitación de Mónica estaba cerrada (supongo que habría alguien dentro que consiguió apagar su «calentón») y el baño totalmente abierto.

Empecé a mirar por todas las habitaciones, no lo encontraba por ninguna parte. Justo cuando empecé a darme por vencida, su imagen se me borró de la mente cuando escuché que algo se había roto en la habitación de Mónica. ¿Y si alguien había aprovechado para robar? Abrí la puerta de inmediato y lo que vi jamás se me borrará de la mente.

El chico que se había sentado a mi lado en el sofá junto con dos más estaban rodeando a Mónica, la cual no parecía estar siendo muy consciente de lo que estaba pasando. Todos estaban semidesnudos y manoseándola. Justo cuando se dieron cuenta de mi presencia, salí corriendo y ellos detrás de mí. Sé que debería haber ayudado a mi amiga, pero el primer instinto fue el de salir corriendo y llamar a alguien responsable.

Salir de la fiesta era una ardua tarea, pues, de los pocos invitados que quedaban, ninguno me dejaba salir sin haberme tropezado con alguno de ellos. Cuando alcancé la puerta y la abrí, me choqué con un hombre alto, al que no le pude ver la cara. Me agarró (seguramente creía que estaba robando), mientras yo le suplicaba que me dejara salir, que me estaban siguiendo. No me hizo caso y los jóvenes llegaron.

-          Ah, eres tú. – Parece que se conocían. – Es toda tuya.

El hombre me llevó al jardín, seguía sin poder verle la cara, pues, entre la oscuridad y que no paraba de agitarme cada vez que me movía un poco, no era capaz de saber quién era, aunque tampoco creía que él me la hubiera visto. Cuando llegamos al jardín trasero de la casa, el hombre me sentó en el banco y me ató las manos con su cinturón. Estaba nerviosa, apenas me salían las lágrimas, con tanta oscuridad no conseguía ver ninguna vía de escape.

Comenzó a deslizar sus manos por mis piernas para separar la falda que dejaba ver mi ropa interior. Tenía mucho frío, sus manos y la ausencia de las medias hacían que me consumiera por dentro. Me quitó la ropa interior y, sin ser capaz de resistirme, me abrió las piernas y comenzó a violarme sin importarle lo paralizada que estaba.

Cuando terminó, todas las lágrimas que no había echado comenzaron a salir por mis ojos, al mismo tiempo que lo que él me había dejado en mi interior. Se quedó dormido y yo seguía paralizada. No sentía ni frío ni calor, esperanza ni consuelo, solo miedo y un recuerdo que no se me borrará jamás.

Comenzó a amanecer y, aun escuchando los gritos de mi madre desde el interior de la casa, de mi boca no salió ni un susurro. Continuaba congelada, apenas había parpadeado en lo que había quedado de la noche. Empecé a escuchar unos pasos acelerados.

-          ¡Laura! – Era mi madre. – ¡Dios mío! ¿Qué te han hecho? – Al ver que no recibía respuesta, dirigió la mirada al hombre sin rostro. – No puede ser. ¡Román!

-          Qué… ¿Qué está pasando? – Su voz…

-          ¿¡Qué has hecho!? – Mi madre le gritaba llorando. – ¡Es nuestra hija!

Efectivamente, el hombre que me había forzado, utilizado y vejado era mi padre. Llevaba desaparecido durante días porque había descubierto el mundo de las fiestas juveniles, en los que los adolescentes no controlaban la cantidad de alcohol que ingerían. En poco menos de dos horas mi padre ya estaba en el calabozo. Mónica me llamaba todos los días para saber cómo estaba y agradecerme continuamente que la hubiera intentado salvar de mi destino. Y en cuanto a mí, me costó volver a hablar, pero lo que más me costó fue dejar de tener siempre la misma pesadilla cada vez que me iba a dormir. He aprendido a controlar ese temor en mi lucha, en procurar que ninguna mujer, sea de la edad que sea, viva lo mismo que he vivido yo o con un destino todavía peor.

Y aquí estoy ahora mismo, dando esta conferencia ante todos vosotros, para contaros mi historia, para deciros que, desgraciadamente, no paseéis a solas, que gritéis lo que penséis, y que jamás os tapéis con ropa, porque eso es lo que quieren. Vivimos en un mundo que nos obliga a preparar las llaves cinco calles antes, donde miedos como el mío se instalan y forman parte de cada una de nosotras. Si algún día os toca a vosotras, porque las probabilidades dicen que sí, no dejéis que os hagan creer que os fuisteis o que ni siquiera os defendisteis, que jamás os digan que os lo buscasteis. Quiero que os sintáis en mi piel, que no sintáis lo que es vivir la sensación de escuchar unos pasos que no veis. Si supierais el miedo que da que la que salga en la tele llorando es tu madre…

Muy a mi pesar, hoy en día, ponerse una falda es un acto suicida. Luchemos para que estas historias no se repitan, para ser libres de decidir lo que queremos hacer y cuándo lo queremos hacer. Luchemos por ser libres, luchemos. 

NO SE VAN | PENSAMIENTO


Nunca se han ido, 
por mucho que los quisiera esconder,
siempre me han observado.

Sé que no voy a poder,
pero aquí estaré.