COMPLEJOS

Visto desde arriba, el vaso sigue estando vacío y, visto desde otra perspectiva, la vida no parece tan atractiva.
Busco la manera de desaparecer, cambiar de perspectiva para dejar de ser la víctima.
Miro mis complejos, los palpo y los siento. Me atormentan desde el pensamiento hasta mi cuerpo.
ORFEO
Una guerra constante, de piques y machaques. Tapo mis oídos, intentando no oírlos. Siempre entran, siempre se cuelan.
Vuelvo a tragar una vez más.
Orfeo,
En la mesa del Valle.

DIRECCIÓN: ORFEO
CÁMARA: FÉNIX
IDEA ORIGINAL: ORFEO
EDICIÓN: ORFEO

contacto: lospensamientosdeorfeo@gmail.com

ÓDIAME

Ódiame si te apetece. Guárdame rencor si lo necesitas. Clávame una estaca en el corazón si lo crees conveniente. Habla de mí lo que quieras y con quien quieras. 
¿Sientes que te robé a Alceo? Puede que lo que hice en realidad fue abrirle los ojos y mostrarle quién eres realmente.
Deja de pensar en ti y piensa en la felicidad de los demás. 

GRACIAS


Puede que me cueste reconocer que los sueños se hacen realidad, pero esta vez he de asumir que me equivocaba. Ayer, 4 de noviembre, tuve la oportunidad de presentar mi libro: Querofobia: Miedo a ti.
No sabría explicar lo que sentí antes, durante y después de el evento. Mi cabeza solo se centraba en no defraudar a los que iban a conocer mi trabajo. Mi mente solo quería no decepcionarme a mí una vez más.
Antes de que llegara el día, empecé a organizar todo lo que estuviera bajo mi poder y así fue. Comencé por elegir a la persona que fuera a presentarme antes de mi intervención y he de decir que fue la tarea más fácil de realizar porque no tuve ni que pensarlo, ya tenía a la persona en mi cabeza. Tras algunos intentos y esfuerzos mentales y reales, ya tenía el nombre: Zeltia.
No sé si alguna vez la mencioné, pero ella fue la primera profesora que me metió en las letras, la primera que me ayudó en la corrección de mis relatos y la primera que me apoyó en las inseguridades que me provocaba este evento. No tardó en responder y, muchos menos, en aceptar. Estuvimos teniendo largas tardes de organización porque, aunque no debería presumir de ello, ambos compartimos los mismos miedos y es lo que me hace estar más unido a ella.
Cuando ya llegó el día, me reencontré con Zeltia tras dos años sin vernos, era un déjà vu
andante, con su misma sonrisa y mirada que me seguía transmitiendo cuando aún no era Orfeo. Me ayudó a organizarlo todo antes de la llegada de la gente y esperé a que vinieran los invitados. Ambos estuvimos compartiendo pequeños detalles de nuestras vidas y nuestro nerviosismo, además de grandes consejos que, sin duda, me harán falta en el futuro. A pesar de que su mirada me transmitiera seguridad y tranquilidad, mi mente seguía pensando que no estábamos tomando un café, sino que estábamos esperando para recibir a la gente que sería testigo de nuestro primer trabajo juntos porque, desde ese momento, dejamos de tener una antigua relación de profesora-alumno a estar unidos por el compañerismo. Fue ahí cuando mi equipo creció incorporando a una profesional de la materia y, aunque parezca mentira, mi cabeza ya asimiló que la familia de Los pensamientos de Orfeo había crecido.
La gente comenzó a llegar, me empecé a sentir arropado por mi gente y por algún desconocido que estaba dispuesto a conocer mi trabajo. Por primera vez, familiares iban a ser testigos de lo que hago en mi ámbito personal, de poder opinar sobre lo que hago y pienso cuando nadie me ve.
El evento comenzó dando paso a la intervención de Zeltia. Sus palabras, llenas de sentimiento y cariño, me inundaron el corazón y la estabilidad de mi voz comenzó a temblar (aún sin haber empezado a hablar). Jamás pensé que me arrepentiría de haber elegido a Zeltia y, en ese momento, supe que no me había equivocado, que eso era lo que el destino decidió. Su discurso estaba plagado de nerviosismo y profesionalidad, dos sustantivos que jamás pensé que podrían estar unidos, pero, con ella, vi cómo se abrazaban y peleaban, venciendo la profesionalidad que desbordaba en cada palabra que pronunciaba.
Llegó el momento de hablar, de darle paso a mi corazón. En ese instante yo también me convertí en espectador, empecé a observar y escuchar lo que mi corazón decía. Las palabras se balanceaban y bailaban en un mismo tono, excepto cuando anclaba la mirada a mis seres queridos, entre ellos mi madre, mi padre, mi hermano y mi cuñada, Fénix, Atenea y, sobre todo, Alceo al que creo que solamente miré dos veces para evitar derrumbarme.
La gente parecía estar disfrutando de mi intervención y de los dos vídeos que reproduje para plasmar y apoyar el trabajo que tiene detrás esa parte de mi corazón. Mi mente seguía cuestionándose si lo estaba haciendo bien, aunque lo que más me seguía asombrando era que mi corazón era el que estaba tomando el timón. Mis compañeros llegaron un poco tarde, pero fueron tan puntuales que llegaron en el preciso instante en el que mi discurso estaba en el auge del sentimentalismo.
Al finalizar, la gente se acercó a comprar mis libros o, mejor dicho, a llevarse mi corazón a sus hogares, algo que todavía no me termino de creer. Todavía no asimilo que la gente vaya a ser consciente de lo que sentí y lo que viví.
Pronto subiré el vídeo y, a pesar de no haber podido asistir, quiero que viajes en el tiempo y lo reproduzcas cuando puedas.
Muchas gracias por haber estado y seguir estando.
Querofobia estará en dos meses a la venta y no puedo estar más nervioso y ansioso por saber las opiniones de mis seguidores.

«QUEROFOBIA: MIEDO A TI»

El 4 de noviembre de 2019 en la Biblioteca Municipal del Forum Metropolitano en A Coruña podrás conocerme y, lo que es más importante, conocer en persona a «Querofobia: Miedo a ti», mi libro que, por fin, sale a la luz de la mano de la editorial Seleer que confía en los jóvenes y nuevos escritores. 


BOMBA

Puede que esté teniendo un desborde de empatía que me convierte en una bomba emocional. 

Paso por duras etapas que me hacen ser una cuenta atrás que, al llegar a cero, no sé lo que podría pasar. Desbordo todo tipo de sentimientos y recibo las de los demás. Siento lo que otros sienten y se multiplican por cada segundo que pasan en mi cabeza. 

Las gotas de lluvia impactan contra la ventana. Puede que yo sea una de ellas, que va adquiriendo volumen hasta que llega el momento de caer, sin importar cual sea el destino, ignorando mi propia autodestrucción. 

Vuelven las críticas, entran en mi cabeza, aunque no sean pronunciadas ante mí. Me duelen de quien vienen, pero, sobre todo, me duele no poder defenderme ante un comentario que no sé con certeza si existe. 

Estoy a punto de explotar. No sé cuanto tiempo voy a durar. Ya hay mucho peso en esta nube. Empezaré a precipitarme, gota a gota.

SUEÑO


POZO VACÍO

Pozo vacío, esperanzas hundidas. Mi armonía, que creía marchita, salió de la nada maldita para resurgir entre sus cenizas. La luz la veo ahora, la esperanza sale sola.

OPINIONES


Cansado de que me juzguen constantemente, que menosprecien mi trabajo y que no valoren lo que hago. Cansado de pensar en qué ropa llevar por miedo al qué dirán. 

Ahora son ellos los que están cansados, cansados por ver que hago lo que quiero, que trabajo como quiero y que me valoro como quiero.

Que digan lo que quieran, que opinen lo que quieran. Sigo siendo feliz, sin la necesidad de saber la opinión de los demás.

OLMO

«No se le pueden pedir peras al olmo».
¿Cuántas veces lo habré dicho durante este tiempo? Pocas veces respecto a mí, pero puede que sea la fuente del problema: a este olmo no se le puede pedir más de lo que puede dar.
Siempre he creído que mi mentalidad estaba desfasada con la de este tiempo, porque para bien o para mal, causo estragos allá por donde pasa y, muy a menudo, en mi cabeza.
No puedo pedir lo que doy, porque tal vez es inconcebible que me lo den, pero no les es inconcebible recibirlo.
No sé, creo que aún me queda mucho por aprender y me quedará mucho más por dar.
Hoy daré la lección que aprendí: no esperes recibir lo que das, porque siempre te harán sentir mal.

DESTINO



Cuando era pequeño jamás me atreví a cuestionar el mundo,
rodeado de prejuicios que lo arruinaban todo.

La vida me preparaba todo tipo de obstáculos,
no importaba cómo fueran, siempre los veía altos
casi tanto como los picos nevados.

Nunca me faltó de nada,
salvo una cosa,
un objetivo,
ignorando mi propio destino.

Fijándome en los demás,
todo parecía sobrar,
incluso los sueños
que me hicieron olvidar.

En el colegio
siempre hablaban
de héroes,
dioses y escritores;
gente que consiguió
ser lo que escogió.

Nunca lo pensé,
nunca lo imaginé,
el destino me hizo ver
que yo también lo podía ser.

Tantas noches llorando,
la almohada mojando,
siempre pensando
que mi existencia estaba sobrando.

Sufriendo,
sabiendo que no era como el resto.
Tantas veces al borde del abismo,
siempre autorescatándome para cumplir
mi propio destino.

Según iba creciendo,
mi mente iba aprendiendo.
De la noche a la mañana,
sin creer en las miradas,
vi mi destino.

Mi camino se alineó con el firmamento,
creando a Orfeo.

Alejé a las malas compañas,
las que me decían que no era posible;
y, mírame,
siendo lo que una vez dije.

Debo continuar con mi destino,
aunque nadie crea en lo que digo.