FALSEDAD


No lo entiendo.
Por mucho que lo intente, no lo entiendo. No consigo comprender cómo las personas son tan diferentes dependiendo de con quien hablen.
¿Cómo es posible que hablando conmigo alguien diga que el cielo es azul y que cuando hablan con otra persona siga insistiendo que es verde?
Tal vez es por aparentar, por intentar parecer alguien diferente.
La gente lo llama falsedad, pero yo lo llamo ausencia de personalidad.

CANSADO


Las rosas han perdido su color,
mi mente ya no entiende de otro olor.

Cuando no estoy contigo
entro en el delirio
y, por mucho que lo intente,
no puedo dejar de creerte.

Mis escritos no perdurarán,
mi razón de ser
se quedará en el cajón.

Estoy cansado, me siento cansado.
Apenas me levanto
y, aparentando ser algo,
de verdad, quiero tenerte a mi lado.

Me duele la cabeza,
la espalda
ya no puede con esta carga.

Esto es una bola de metal
que, por mucho que te esfuerces,
te consigue derrumbar.

Es como un estornudo,
nunca te lo esperas y
cuando crees que ya no lo tienes
no puedes decir que no lo quieres.

¿Sabes qué pienso?
Que ya no sé si hago lo correcto.

Nadie me admira
y lucho por vivir cada día.

Mis ideales son diferentes,
mi mente no es común.

Yo no soy como los demás,
espero que algún día me puedas perdonar.

FIN DEL VERANO

El verano ha sido fructífero, pues, a pesar de haber tenido un mes y medio de vacaciones, me ha servido para crear uno de los proyectos con el mayor número de personas colaborando que jamás haya creado. 
Si recordáis, antes de publicar los tres actos, os hablaba de mi equipo, aquí están:
El maquillaje del «Acto I: Dolor» estuvo bajo la responsabilidad de Andrea (@andrewjdi en Instagram), futura maquilladora profesional que dejará grandes trabajos allá por donde pase, fue la encargada de representar los moratones producidos tras una paliza homófoba.
La portada del «Acto III: Luz» fue fotografiada por Lucía (Lucía Alonso Fotografía como página de Facebook). Profesional de la fotografía que puso todo su esfuerzo por ayudarme en plasmar a la perfección la idea que tenía, sin ella y Sixlo el montaje de la portada no hubiera quedado como la podéis ver.
Las tres personas que he citado se han unido al equipo con este proyecto, pero no se puede ignorar la presencia de el nuevo fichaje: Fénix, que ha sido: cámara, producción, ayudante de producción en todos los actos, además de voz secundaria en el «Acto II: Cambios». No puedo estar más agradecido por su espléndida colaboración y el aprendizaje que se ha llevado en este proyecto.
Más allá de los nuevos miembros del equipo volvemos con los más veteranos, pasando por Alceo, que ha sido el que daba el visto bueno a cada proyecto y mi mayor apoyo para seguir adelante con los escritos de cada vídeo. Atenea que, por su apretada agenda, solo pudo ayudar como ayudante de montaje en el primer acto, pero que igualmente ha aportado su grano de arena ofreciéndome su punto de vista de todos los vídeos. Mi familia, que siempre ven los vídeos antes de su salida a la luz, colaboró en el montaje de la portada del tercer acto además de su apoyo incondicional.
Me encanta estar rodeado de la gente que tengo, pues sin ellos, Orfeo no podría estar dando ni la mitad de lo que he dado ni de lo que me queda por dar.

Gracias.ACTO I: https://www.youtube.com/watch?v=kL10j...
ACTO II: https://www.youtube.com/watch?v=WlYqy...
ACTO III: https://www.youtube.com/watch?v=HLr0o...

LUZ | ACTO III


Lo he intentado todo,
hasta en las alturas me buscan.


No paran de susurrar a mi espalda
y, por mucho que haga,
no se callan.


No puedo evitarlo,
me afectan todos los comentarios.


He creado mi esencia,
procuré ser feliz
y no me dejaron seguir.


Los cambios no gustaron,
no vieron el dolor que sentí
y por eso he creado un fin.


La solución es que desaparezca,
abrir mi propia puerta
a ver si eso no les afecta.


Demasiado alto,
estoy a un salto.

El vacío me acoge,
espero que me reconforte
y calle de una vez a las voces.


Aunque, mirándolo bien,
aquí puedo pensar
y veo que el problema no soy yo.


Siempre he buscado esa luz
que me salvara de mi actitud,
nunca la encontré,
pero me trajo alguien a quien amé.


Puedo ver la solución
no huiré de mi salvación.

CELOS


Sentimientos que inexplicablemente destrozan la identidad de una persona, que impiden la cordura de las palabras y no controlan las consecuencias de las acciones que pueden llevar.

Los celos pueden provocar rupturas, tanto las parejas como las familias. Te dan lo que nadie te podría dar, pero a un precio que nadie podría imaginar. Te otorgan protagonismo (durante poco tiempo) y te quitan los sentimientos que tanto te hacían ser la persona que una vez te hiciste conocer.

A veces surgen por la necesidad de crecer, como la situación de un hermano pequeño que necesita llamar la atención buscando lo que el mayor tiene para aparentar ser más grande de lo que su propia familia piensa. Ese hermano no se para a pensar las consecuencias que puede traer dichos celos, tal vez una crisis económica, tal vez el desapego del vínculo familiar, tal vez un cambio de imagen que se tenía sobre él. ¿Quién sabe? Tal vez no pasará nada y sus celos no traigan ninguna consecuencia.

En el caso de las parejas, inseguridades que provocan su inestabilidad e, incluso, la ruptura de la misma. Los celos son veneno, cáncer verbal de la vida que lugar por donde pasa, lugar que destroza.

Malditos celos, ¿no os cansáis de existir? Por lo menos, haced que vuestra existencia sirva de algo y haga que los antiguos poseedores maduren.

ANSIEDAD


Un cosquilleo en las manos, un subidón de adrenalina que va desde la espalda hasta el corazón para aumentar sus pulsaciones. Respiraciones constantes que impiden el control de los pensamientos, una falta de cordura que nubla el juicio. La falta de apetito y las lágrimas llegando a los labios. Queman las palabras y rompen la calma.
El despegue de pensamientos premeditados, de ideas innatas que evocan a otro mundo. Perdido a pesar de no saber lo que se dice. Pesadillas durante el día y terrores nocturnos a medianoche. Insuficiente cantidad de oxígeno en el mundo, demasiadas razones para dejar de decir lo que se dice. Tormenta en la calma que llega cuando toco la cama o río a carcajadas.
La ansiedad llega, no llama a la puerta, destroza y no le importa. El escrito no acaba aquí, volverá, sin avisar, como ella hace sin pensar.

CAPÍTULO 5 - FIN



No paraba de sentir a Rubén dentro de mí. Por primera vez en mi vida me sentía completa. Nadie había conseguido llenar esa sensación de vacío que he sentido durante toda mi vida. Ni yo misma sabía la manera de solucionar dicha carencia.
El móvil comenzó a requerir de mi asistencia. Rubén parecía inmerso en sus esfuerzos de conseguir mi felicidad, pero desde ese momento no podía parar de pensar en quién podía estar interrumpiendo ese momento tan mágico. Si era Don Juan, mi destino estaba sentenciado al paro, sin haber llegado a firmar el contrato.
Sus caderas seguían chocando contra mí, acelerando el fin de nuestro encuentro. Justo cuando comenzaba a olvidarme del politono de mi teléfono, escuchamos la puerta del recibidor abriéndose. Rubén se separó con rapidez y me indicó con su mano derecha un lugar para esconderme, resultando el baúl en el que guardaban los juguetes para la piscina. Fui corriendo al lugar indicado mientras recogía la toalla para volver a taparme. Él continuaba desnudo y, por la puerta que conectaba con el comedor, salía una persona que no lograba ver desde el interior del baúl. Intenté abrir un poco más la tapa y, sin que pudieran verme, comencé a enfocar mis sentidos en la escena.
-          Hola, guapísimo. — Era una de las chicas del círculo de Nix. — ¿Me estabas esperando?
Sin que Rubén pudiera contestar, ella se lanzó a él y empezaron a mantener relaciones sexuales que, por desgracia, tuve que presenciar hasta que Rubén, con sus ejercitados músculos, se la llevó al interior de la casa. Aproveché ese momento para huir al exterior con la toalla.
Una vez fuera, decidí ir al coche que tenía aparcado en la calle de mi casa. Estuve caminando cautelosa durante todo el trayecto para que nadie pudiera verme en esa situación tan ridícula. Allí era conocida y no se me ocurría a quién acudir, a saber qué cosas divulgarían las personas tras conocer lo ocurrido en mi casa. Las malas lenguas siempre han estado detrás de mi vida, incluso cuando era pequeña.
No se me ocurría qué hacer; mi casa estaba acordonada y mi coche apenas gozaba de un depósito lleno. Entonces, la vida me iluminó con la pantalla de mi móvil. Estaba recibiendo una llamada de mi asistente.
-          Buenas tardes, señora.
-          ¿Víctor? ¿Qué ocurre?
-          Me preguntaba si querría venir a mi casa para pasar el tiempo que haga falta mientras soluciona esos problemas en su vida.
-          ¿Perdona? — Todo parecía demasiada casualidad. — ¿Cómo sabes qué no estoy en mi casa?
-          Pasé hace unos minutos por su casa y vi que estaba rodeada del cuerpo policial. — Se quedó callado. — Sólo quería saber si se encontraba bien.
-          Gracias, Víctor. Volviendo al tema inicial… Acepto tu oferta.
-          ¡Qué bien! Enseguida paso a recogerla.
-          Muchas gracias.
Estuve sentada en el coche, tapada con la toalla, alrededor de unos veinte minutos. El día ya se había convertido en noche y justo cuando empezaba a sentir el frío de la oscuridad, los faros de un coche me deslumbraron, iluminando el interior del mío. Al ver que se había estacionado frente de mí, comencé a ponerme nerviosa y, a los pocos segundos, la silueta del conductor comenzó a moverse para bajar del coche. Conforme se iba acercando, lograba distinguir cada una de sus características. Era imposible no reconocer esa piel de color oliva, esos labios carnosos y su fino pelo moviéndose al son del viento. Víctor había llegado, como si se tratara de mi ángel de la guarda.
-          ¡Oh, señor! ¿Qué le ha pasado, señorita Leden? — Me dijo apuntándome con la luz de su móvil.
-          Una larga historia. Si no te importa, ¿puedes llevarme? —Se quedó mirando para mí fijamente. — Empiezo a tener un poco de frío.
-          Sí, ¡sí! — Empezó a moverse de manera muy nerviosa. — Perdone, tome mi abrigo.
Me rodeó con su abrigo y me acompañó al asiento del copiloto de su propio coche. Una vez los dos dentro, arrancó el vehículo y trató de sacar cualquier tema para poder entablar una conversación que amenizara el trayecto. Comenzó a hablar sobre temas de Nix, pero mi cabeza solo me dejaba pensar en lo que había ocurrido con Rubén. De pronto, mis ojos sólo focalizaban a un único sitio. Esos pantalones marcaban, al sentarse, el atributo de Víctor. Era enorme, formaba un bulto de grandes dimensiones y mi lascivia comenzó a provocar pensamientos impuros hacia mi ayudante.
Mi mano se acercó a mi nuevo deseo y todas las palabras que salieron de su boca se transformaron en silencio. Sus ojos se dirigieron a mí y, en lugar de decir nada, se limitó a seguir conduciendo mientras, aquello que tocaba, no dejaba de crecer. No podía retener mis ganas de terminar con aquello que Rubén había comenzado. Al ver que él no oponía resistencia, decidí dejarme llevar por el deseo y comencé a desabrochar la cremallera de su pantalón para poder ver su ropa interior. Apenas podría abrirla, pues su órgano viril había crecido lo suficiente como para impedir que la abriera. Mis ansias no dejaban de aumentar y decidí utilizar todas mis energías para abrir de par en par ese regalo de los dioses.
Una vez abierto, logré ver cómo su ropa interior cubría aquello que tantas ganas tenía de llevarme a la boca. Comencé a acariciarlo y Víctor empezó a exhalar ciertos gemidos que me indicaban que él sentía las mismas ganas que yo tenía por continuar. La tez bronceada de su rostro comenzó a tornarse de un matiz rojizo y, de su miembro, comenzó a transpirar una pequeña gota.
Supe, en ese mismo instante, que él quería hacer lo mismo que yo. No sabía el motivo, pero algo, dentro de mí, no quería continuar. Paró el coche y comenzó a quitarse su jersey, la camiseta que llevaba por debajo marcaba su cuerpo digno de plasmar en una escultura. Yo, dejándome guiar por mis deseos, llevé mis manos a su camiseta para quitársela y masajear sus trabajados pectorales.
Las ganas irrefrenables que teníamos de consumar la pasión se podía tocar con la punta de los dedos a medida que sus manos bajaban por mi cintura. De nuevo, ese sentimiento de impotencia volvía a mí, la razón volvía me volvía a hablar, echándome la culpa de estar jugando con las emociones de Víctor. Me detuve, salí del coche corriendo con el abrigo de Víctor en mi mano izquierda y no paré de correr durante dos minutos.
Al levantar la vista, me percaté de lo que se encontraba ante mí: Nix. Esto no podía ser otra cosa más que el destino. Algo me estaba incitando a entrar, pese a saber que no debía hacerlo, algo dentro de mí me empujó a su interior. Los pasillos seguían guardando la misma calma que el primer día e, incluso, cada mueble estaba colocado al milímetro de la última vez que pude estar allí.
Decidí entrar en mi despacho, buscando un lugar en el que esconderme. Elegí mi escritorio como barrera inquebrantable.
No sé cómo, ni cuando, pero, de repente, mi corazón empezó a latir tan rápido como el aleteo de un colibrí. Unos pasos se acercaban cada vez más a mí, no tenía ninguna salida, el escritorio se había convertido en mi propia cárcel.
-          Al final no has resultado de gran ayuda. Lo seguiremos intentando.
Alguien me agarró del cuello, la oscuridad no me permitía conocer su identidad y mientras me ahogaba, mi corazón latía todavía más rápido, hasta que mi respiración se detuvo, llegando, de esa manera, mi triste final, sin un final de libro, sino que estaba acabando con el mismo drama que una película que no llegó a su final, dejándolo para la segunda parte.

CAMBIOS | ACTO II

¿Quién soy?
¿En qué me he convertido?
¿Cuántas ideas se han ido?

He perdido la noción del tiempo,
ya no sé dónde estoy,
ni que hago aquí.

Han habido cambios
que me han hecho pensar,
meditar e, incluso,
llorar.

Han borrado mi esencia,
mi forma de ser,
me han cambiado
por otra persona.

¿Quién soy?
¿En qué me he convertido?
¿Cuántas ideas se han ido?

Secándome,
he decidido cambiar,
olvidar
y resucitar.

Vuelvo a ser yo.
Vuelven los cambios,
pero no a peor,
vuelven para hacer de mí
un nuevo yo.

Soy Orfeo,
liderando mis ideas,
impidiendo que se vayan.