ALCEO POR SALAMANCA




Todo acaba donde empieza. 

Este fin de semana he ido a donde todo comenzó, donde conocí a Justo. He ido con la persona que he descubierto que realmente me complementa: Alceo. No es nada nuevo saber que, para mí, todo en la vida guarda un simbolismo, un significado e ir con Alceo fue mi manera de decir adiós a Justo. Cada rincón que visité con él, cada lugar, cada suspiro que me robó fue Alceo quien los remplazó. 

He cumplido mi objetivo: he purificado la imagen que tenía de Salamanca y, aunque me siga viniendo su imagen, sé que, con el tiempo, no pensaré en él. Porque ahora, al ver a Alceo por Salamanca, puedo formatear mi cerebro para acordarme solamente de esto que estoy viviendo. 

Entrando en el portal donde Justo residía me desplomé, creí ser una persona totalmente fuerte y madura como para sobrellevar esta situación, mas no fue así. Por primera vez, Alceo vio cómo lloraba por un amor roto, un amor que, con su veneno, me había convertido en una persona insegura. Caí de nuevo en el pozo del que hablaba en Querofobia y fue la voz de Alceo la que me trajo luz en ese agujero. Sus palabras entraban por mis oídos como un rayo de luz que entra por los nubarrones de la tormenta. 

Ahora que estoy en el bus de camino a mi casa, puedo decir que soy una persona totalmente nueva, una persona que puede presumir de comenzar una nueva etapa junto con Alceo. Es la primera vez que un pensamiento lleva adjunta una imagen, pero es precisamente por eso: porque empiezo una nueva etapa llena de cambios y no solo en mi vida, sino que también aquí. 

Salamanca ha sido el principio del fin y el fin del principio. Vuelvo a ser Adrián y no Orfeo, puedo dejar de usar esa máscara que me habían creado las inseguridades, aunque no todos los cambios serán tan bruscos; seguiré siendo Orfeo, pero no como tapadera, sino como persona.

CAMBIO


Dentro de unos días comenzaré lo que puede ser uno de los mayores viajes que jamás he realizado y pronto entenderéis el porqué.
La catarsis ya ha empezado y siento como los sentimientos suben por mi estómago hasta llegar a mi corazón. Noto el pálpito en mis venas, siento lo que no puedo describir, siento lo que nadie parece sentir.
Mi cabeza va a explotar y siento que, para liberarla, primero tengo que manifestar todos mis proyectos. ¿Estáis preparados?

DIVINA


Tú que le diste vida a quien le dio la vida, que lo cuidaste hasta el final, te agradezco que no lo dejaras caer aun sabiendo que lo podía hacer.
Jamás me podré perdonar que, si yo no estuviera aquí, la última noche la hubierais disfrutado sinfín. Jamás llegaré a agradecerte lo suficiente que, aun sin conocerme, me aceptaras sin ningún precedente.
Si nos hubiéramos conocido un poco antes, podría asegurarte que me darías el amor de la madre de mi madre.
Ahora siento un vacío y es curioso porque apenas nos conocimos. Espero que Alceo se recupere pronto, le duele tanto que te marcharas… Y es normal, porque incluso yo siento lo que no entiendo. Ese amor de abuela que nunca experimenté, por una vez, creí haberlo sentido en este breve período.
Me parte el corazón verlo así, porque a nadie le guardó rencor y no entiendo cómo esta vida se porta así con los que menos lo querían.
Gracias por ofrecerme tus tributos, gracias por regalarme a alguien tan maravilloso como Alceo. Tu nombre te hace justicia porque realmente sí eres Divina.

DE ALCEO PARA ORFEO


Querido Orfeo, te escribo para decirte todo lo que no he sabido expresar en su debido momento y, aprovecho ahora, que no es demasiado tarde, para que seas consciente de todo lo que siento. Espero que estés preparado.
Ya han pasado algunos meses desde que esto ha empezado y no he sabido nunca abrir mi corazón y puede que, como ya sabes, es porque nunca nadie había querido entrar en él. Llegué a formar una coraza de titanio en mi corazón, una tan impenetrable que nadie podría saber lo que escondía en su interior. Era esa coraza la que me obligaba a hacer cosas de las que hoy me arrepiento y, aunque de eso ya hablaré más adelante, te diré que, gracias a ti, lo he visto. No hay ni un solo segundo en el que no me arrepienta de lo que hice y es, sobre todo, porque esa coraza hizo demasiado bien su función: no dejó entrar a nadie, incluido a mí.
Sé que te esfuerzas en superar mi pasado, aquel que llamas nuestro enemigo, y, en parte te admiro, porque has conseguido hacerlo tuyo. Este es mi problema y es aquí cuando veo que tus palabras se cumplen cuando afirmas que solamente somos uno. A pesar de sobrellevarlo de maneras distintas, me has hecho ver que ignorándolo no se supera, que los problemas, cuanto más se ignoran, crecen todavía más, con la posibilidad de explotar en aquellos a los que más quiero y, desgraciadamente, lo aprendí cuando te atropelló a ti. Todos los segundos que te veo sufrir, llorar y agonizar, pasan como siglos porque no me puedo perdonar que no te sepa consolar. Juro que me esfuerzo en conseguirlo, pero tú haces que sea tan fácil que me parece más complicado. Sé que sufriste mucho con Justo y es lo que procuro evitar, ese es el motivo por el que nunca te hablé de mi pasado y, cuando el tema salía, no veía otra opción que la mentira. Sé que no hay nada que valores más que la verdad y que prefieres superarla porque el daño nos hace fuertes, pero te prometo que se me hacía tan complicado… No hacerte daño y querer olvidarlo me superaban, pero en cierto modo, nunca me acostumbré a serte sincero, por eso recaía en la mentira, porque en el fondo no entendía que la verdad era tu única salida.
Quiero seguir siendo el amor de tu vida y por ello entiendo que no puedo seguir siendo un traicionero con lo que más quiero.
Me has ayudado tanto sin esperar nada a cambio… Me has ofrecido siempre un hombro en el que llorar y, por mucho que me duela, jamás lo había tenido. Siempre me he recluido en mí. Pensaba que estaría solo y, ahora que te he encontrado, me cuesta creer que me haya equivocado. Me has ayudado a contar quién soy, me has regalado nuevas amistades, me has hecho ver que de las que me rodeaban eran sólo veneno, entendí que mi familia no era mi enemigo. Me has ofrecido una visión madura de la vida, un punto de vista correcto, enseñándome que no pensando no es la solución a mis problemas. Es que no entiendo cómo te he podido encontrar… No creo que te merezca y, a pesar de que seguir mintiendo, tú me seguías entendiendo. No merezco tu perdón y, aun así, me lo sigues dando y no se me ocurre una manera mejor de recompensarte que demostrándote que seguiré cambiando y llegaré a ser aquella persona en la que sabes que puedo llegar a convertirme.
Gracias por todo y por lo que aun no he escrito, pero, como bien sabes, nunca se me ha dado bien expresar lo que siento. Te garantizo que hay mucho más que has hecho por mí y, aunque no te lo demuestre y no lo valore, si me paro a pensar, no lo hubiera conseguido sin ti.
Te quiero, para Orfeo de ALCEO.

SOMBRÍOS


Necesito desahogarme y ¿quién mejor que tú para hacerlo?
Estoy al límite de explotar, poco a poco siento cómo mi paciencia se va a desbordar, creando un tsunami capaz de arrastrar a todo aquel que pase por delante. Ya nadie piensa en los demás y aquellos que lo hacen se dejan guiar por las apariencias.
Señores, no todo el mundo es lo que aparenta, por mucho que pueda parecer que una persona no ha matado a una mosca, solamente él lo sabe. Nadie es consciente de lo que hacen los demás en su privacidad y, cuando alguien lo descubre, debe permanecer en silencio para no afectar a su reputación. Yo soy una de esas personas: conozco el lado oscuro de muchas de ellas y debo callar para que sigan jugando su papel. Tanta falsedad acaba conmigo, tanta hipocresía me nubla la razón y no me deja ver el lado bueno de las cosas. Mi paciencia va a reventar.
¿Quién da la cara por los que dan la cara?, ¿quién defiende a los que defienden? No paro de cuestionármelo y no encuentro respuesta. Aquellos que se han acostumbrado a permanecer en la sombra se han acomodado tanto que no serían capaces de salir y defender a sus seres queridos. Pero ¿y los que sí lo hacemos? Voy a llamar a esas personas que se ocultan en la oscuridad sombríos.
¿Acaso esos sombríos no son conscientes de que, personas como yo, tenemos una paciencia limitada, que somos humanos también y que cuando nos atacan nos gusta que nos defiendan? A veces creo que no se paran a pensar en eso y, aunque ahora esté escribiendo con un par de personas en la cabeza, sé no son los únicos.
Hay muchos sombríos en el mundo y muchas personas con capacidad de defender a los suyos que se han ido a su bando por pereza o por cansancio.
Temo convertirme en uno de ellos, de renunciar a mis valores y no cuidar de los míos frente insultos o comentarios dolorosos. Tengo miedo de ser un sombrío y que nadie pueda verlo. Me estoy cansando de ser diferente a los demás y, sobre todo, me estoy cansando de que nadie pueda ver que yo no percibo la vida como todo el mundo lo hace.
Estoy cansado de las injusticias y de los sombríos. Estoy cansado de todo.

UBI SUNT

¿Dónde están? ¿Acaso han existido alguna vez? Ya no veo luz al final del camino, solo los que me acompañan mantienen una mentalidad coherente, pero ¿qué pasa con los que no me conocen? 
Siguen viviendo en un mundo de luz e ignorancia, no saben en qué consiste este mundo, no saben pensar libremente, todos son esclavos de una sociedad encerrada en una pantalla, donde lo único importante es mostrar el volante de su vehículo, sus nuevos smartphones y enseñar su cuerpo libre o lleno de imperfecciones.
Todos siguen el mismo patrón, ¿dónde están los valores por los que se luchaba anteriormente?

TE DEJO


Sí, como lees, te dejo. Ya no puedo aguantarlo más, necesito respirar. No es sano lo que haces, sigues dañando a los demás.

¡REACCIONA!


¡Despierta, por favor!
¿Por qué no te estás dando cuenta?
¿No ves que mi pena solo aumenta?
Siento un tambor
golpeando mi corazón.
Tú no eres así,
¿por qué haces todo eso?
Alguien como tú,
que apenas sabe caminar,
no debería andar sin pensar.
Te adentraste en un camino oscuro
y aún no sabes cómo es el mundo.
¡Cuánto lo vas a lamentar!
Abre los ojos, te lo suplico.
Llora ahora,
que tus lágrimas puedo secar.
Sigues esperando
y te sigues atando.
Esa vida no se separará,
tus llantos vas a lamentar.
Quisiera volver al pasado,
donde tus actos aun no han sido manchados.
¡Qué versos tan largos!
Casi tanto como los pecados desatados.
Te lo suplico,
¡reacciona!


ATENEA

Tan dulce como eras
la sangre siempre alteras.

No te dejes avasallar,
pues de tu mano se quieren alimentar.

¡Oh, dulce Atenea!
¿No te enteras que,
de ser tan buena,
de ti se aprovechan?

Nunca piensas en qué te pasará
y eso es lo que acaba con tu bienestar.

Dile al que te acompaña
que a ti nadie te para.

Por mucho que Alceo y yo,
el mismísimo Orfeo,
te cuidemos,
sabrás que nunca te fallaremos.

¿Puede decir él lo mismo?

No dejes que tu sabiduría
se pierda a lo largo de la vida.

Aquí estamos poco,
no dejes que te lo demuestre con insultos.

Te está frenando,
¿nos ves lo que te está dando?

El amor se basa en el cariño,
¿no ves que solo necesitas un poco de mimos?

Siento ser yo el que te de mi opinión,
pero de verdad, Atenea, no sigas con el Megalodón.

Todavía recuerdo
que brillabas con fuerza,
¿dónde se ha quedado tu resplandor?

Sigo dudando que sea lo que amabas.
No quiero ser yo el que siempre
te diga que él miente.

¡Oh, diosa de la Sabiduría,
¿por qué no lo aplicas en tu día a día?

MIEDO


No estoy viendo nada, la oscuridad se apodera de mí, apenas puedo saber dónde estoy. No puedo abrir mis ojos, es como si alguien los hubiera sellado con silicona. No consigo dejar pasar la luz.

¡Espera! Creo que puedo abrir el izquierdo, ¡sí!, lo estoy haciendo. Pero no es oro todo lo que reluce, no estoy contemplando lo que quería ver, la imagen que veo está inerte, no se mueve, permanece impasible a mis movimientos. Creí estar viviendo en un sueño, pero parece que es mucho más que eso. Aunque quisiera, no podría describirte lo que estoy deslumbrando, es una imagen que se desvaneció apenas con un soplo de viento. Bueno, ahora que lo pienso… La imagen que veo es la de alguien a quien no quiero entrando en un lugar donde solo puede ALCEO.

Lo estoy intentando con el derecho que, aunque parezca tener irritación, no puede abrirse más que un par de pulgadas. Con él sí que puedo ver lo que quería: un pequeño rayo de luz entra por las rendijas de mis pestañas.

Creo que de esto saco una clara lectura: sigo un camino a oscuras al que llamo vida, en él avanzo a ciegas y cuando intento mirar por donde voy, solamente veo lo mismo, que solo me centro en una persona, ayudarla a cambiar y a ser feliz, pero cuando intento centrarme en mí, no lo veo con claridad, apenas puedo hacerlo y continúo abriendo el ojo que solamente se fija en él y camino a oscuras.
Tengo miedo  de no saber cómo seguir, de no saber cómo hacer feliz a la gente, miedo de no saber guiarme porque si me descarrilo, ellos también lo hacen. Tengo miedo de que todo, al final, termine valiendo para nada o para que no se me sea reconocido el esfuerzo por el que tanto me he esforzado en conseguir.