DUELES



CARTA A UNA COBAYA VIAJERA

Supongo que no empezaré esta carta con un saludo porque quiero centrarme en la despedida que hemos tenido. Mi pretensión es la de ser breve, pero supongo que mi corazón no me dejará hacer lo que quiera. 

Parece que fue ayer cuando decidimos acogerte y adoptarte como un miembro más de la familia y hermana de Rómulo y Remo. Lo más fácil de casi este año que pasaste con nosotros ha sido ganar tu confianza, pues no tardaste en empezar a besarnos –nunca había tenido una cobaya que me besara a su voluntad–. Los paseos por nuestro piso y los encuentros con tus hermanos fueron alguna de las excursiones que hiciste bajo mi supervisión. 

Hoy ha sido un día duro, no solo para mí, sino para ti. Sabías que no estaba pasando por una buena temporada y parece que te contagié ese bajón anímico. Sentí como te ibas yendo y no quería verlo. En el viaje en coche, de alguna manera me estabas diciendo que te ibas a ir, me dirigiste varias miradas que me comunicaban el trágico fin. No quiero que llegue el momento de ver la ausencia de tu jaula al lado de la de tus hermanos, no quiero acostumbrarme a no calcular las porciones de zanahoria de cada mañana, no quiero acostumbrarme a dejar de llamarte “princesa”, no quiero dejar de escuchar cómo te subías a tu casa, no quiero dejar de escucharte estornudar, no quiero dejar de acariciarte (aunque ya lo he hecho). 

No olvidaré tus colores, tus besos y las pedidas mañaneras de zanahoria. 

Te quiero, Tesi.

QUIERO



Aquí solía jugar de pequeño, despejándome de mis miedos. Venía solo o acompañado de mi perro, el pastor alemán que creció conmigo y me escuchó como nadie hizo. Este era mi refugio y, aunque esté a vista de todo el mundo, era la gracia: que, al no ser privado, nadie querría quitármelo. 

Ahora este lugar apenas significa algo para mí, queda lejos de donde vivo y la compañía que tenía tampoco sigue conmigo. Mi perro murió y fue de las primeras veces que se me rompió el corazón. 

Ahora que vivo lejos de mi antigua casa, me vienen recuerdos del pasado, de cuando era un niño y todo parecía estar masticado. 


Cada día despierto, aunque sueño con no hacerlo en algún momento.
La tristeza me las puede, no tengo fuerzas que consigan que me quede. Tengo problemas para adaptarme, de no encontrar motivos para quedarme. Suena fuerte lo que digo, pero sabes que va en serio todo lo que digo.



Las lágrimas, cada día, tienen más fuerza para empujar. Siempre quieren salir a jugar. Procuro disimular mi tristeza, evitándolo cuando todos se alteran, pero a veces no puedo y me derrumbo en silencio. 

Pongo mi historia en las canciones que suenan, me ayudan aporque siento que vuelan desde mi pensamiento acompañado de mi lamento. Me cuesta decirlo, pero no le veo el sentido a nada de lo que escribo. Puede que esté perdiendo el fuelle, puede que admita que me duele. 

Tuve el sueño de transmitir lo que siento, pareció no surtir efecto y, aunque lo intento, ya caigo rendido en el intento. 

Querían elegir mi camino, estudiar algo que no iba conmigo. En contra de todos, elegí lo que sería mi futuro. El mundo de las letras me enseñó a ver la vida como no lo hace ninguno. 

Con la universidad decidí ser un futuro profesor, un camino que todavía no tengo claro, pero no tengo reparo. Mis amigos no parecen ser míos. Nunca tuve ganas de ir a clase, las cosas no iban, provocando que no me fiase. 

Gané dos premios, la seguridad de dos compañeros. Publiqué mi libro, pero no me sentí distinto. Mi compañera Zeltia me aconsejó seguir para delante dedicándome palabras que no escuché antes. 

Desvelé mi amor, me encontré con mi destino, provocando el abandono de mis tíos. Mi familia se redujo a la que vivía en mi casa. El hermano de mi madre cambió de plano, llegando a ser un grano en el ano. Ante mis oídos juraron que nadie sería como yo, que nadie sentiría ni se sinceraría como yo. 

A mi Alceo le dediqué montones de versos, disimulando mis lamentos. Nadie sabe lo que esconde de mí, los secretos que le conferí. Su pasado me dolió y casi no lo cuento en ese verano. 

Ahora me pregunto si este será mi fin, si el vídeo será mi fin. 

Ahora mismo cogería el teléfono y llamaría al 363533, quiero que contesté mamá, que me prometa que me viene a buscar, que mis problemas los resolverá sin más… 

Quiero dejar de disimular, de aguantar las lágrimas y no tener miedo de llorar sin más. Tengo miedo de no seguir siendo cuerdo, de no ser suficiente para mi manzana y de no cuidar a los que me necesiten hasta que tenga canas. Tengo miedo de decidir dejar de seguir. 

Quiero encontrar las palabras que me impulsen, a alguien que me asegure que esto ya no va a seguir. 

No me quiero preocupar, no me quiero emparanoiar, necesito dejar de escuchar, necesito dejar de pensar, necesito dejar de escribir, necesito empezar a bailar, a cantar sin parar, a dejar de pensar. Necesito volver a ser yo, necesito aclararme cuanto antes, necesito dejar de ser un segundón, necesito… 

Voy a dejar de escribir este pensamiento antes de que mis lágrimas decidan mojar mi mejilla. 

Ahora pienso en qué pensará mi perro. Él sabía todo lo que sentía y los sueños de un niño que no sabía lo que valía. Pienso en no defraudarlo, en no olvidarlo, pero las ganas de dejarlo todo me las pueden, aunque sigo luchando. 

Ahora que lo veo, necesito no ser Orfeo.

INSOMNIO


Vuelta y vuelta,
entremedias apenas
el sueño viene a mí.

Sigo despejado,
el insomnio
me rodea con su manta negra.

Ya no sé qué hacer,
no puedo salir de la cama.
Estoy paralizado.
El mundo está congelado.

Millones de pensamientos
a mi cabeza,
todos dando vueltas.

No hay quien los pare,
no hay quien me salve.
Nadie puede salvarme.
Me desvelo y no duermo.
Me agobio y me altero.
Aunque quiero,
no puedo.

Levantarme
ni me lo planteo.
Me agota la idea de seguir despierto,
pero no duermo.

Menuda curva la del sueño,
que por el día me acosa
y por las noches me abandona.

¿Qué pretendes que haga?
Te hablo con miedo,
no me oculto.

¿Eso es lo que querías?
Que me rindiera
ante tus mentiras.

Me prometiste la libertad,
pero no pensé que fuera
la del Sueño.

Me ahogo,
no te lo perdono.

El miedo
convertido en la falta de sueño.

Me has engañado,
caigo de nuevo de tus brazos.

ENTREVISTA

Ya tenéis disponible la entrevista que le realicé  a Nazaret Balado.

VII

VII

Nunca se me han dado bien las despedidas,
desde las que no se olvidan
hasta las que no parecían acabar en leídas. 

Todavía recuerdo el olor de su pelo,
el frío de sus dedos
y el último chat que aún conservo. 

Pasamos del calor de la llama
al frío de la helada. 

Igual que termino este escrito,
la cuarentena no parece dejar de ser un hábito. 

Espero el fin de este éxodo. 

Vuelvo a Los pensamientos de Orfeo,
lugar en el que siempre buceo.

VI

VI

«Chupa pollas maricon ***». 

«Mariconeo que es lo tuyo». 

«Que andas chupando pollas maricon?» 

«Haber maricon chupapollas , soy el novio de ***» 

«Maricon hijo de puta , matate q le haces un favor a tu clase, maricon» 

«Ya sabemos q escondes tu homosexualidad , y el jueves te voy a partir la cara y vas ir bien calentito para tu casa de maricon del *** , andate con ojito q te van caer hostias por todos lados» 

«El jueves te vas ir bien calentito a tu casa de maricon del *** , q te voy partir la cara , haber si con las hostias q te voy dar te sacas toda la pluma q tiened encima , asiq la q te va caer el jueves va a ser bonita» 

Estas palabras son las que tuve que aguantar y callar cuando solo tenía 17 años.
He censurado el nombre de la que era su pareja y 
del lugar en el que vivo para protegerme a mí, no a él. 

Palabras que nadie merece ni escuchar ni leer.
En esta ocasión el lobo vino a atacarme a mi blog,
el rincón en el que me sentía seguro. 

No he ni corregido sus palabras,
para que vierais la cultura de la que gozaba
este humano que me insultaba. 

Su gramática y pésimo abanico de vocabulario,
consiguió asustarme.
Ahora lo leo y solo consigue aburrirme. 

Creyó que era una presa fácil,
un angelito disfrazado de conejito. 

¿Os cuento el final?
Mejor os dejo su cita textual: 

«Perdona por meterme contigo.no volvera a pasar».

V



V
Para ti, 
familiar que decidió salir
de aquí. 

Esto va dirigido solo
para ti: 

Has pasado mucho tiempo aguantando en la sombra,
camuflando tu verdadera identidad
con los de tu verdadera calaña. 

¿Ves que ya no rimo?
Esto va en serio. 

Hemos descubierto quién eres
o, peor aún, de qué eres capaz. 

Has tenido el valor de salir
cuando por fin me atreví a salir.
No supiste entender que Alceo no era el problema,
sino tu mente enferma. 

¿Ves qué ha pasado?
Que no te necesitamos.
La familia aumenta y,
con ella, el período de prueba. 

No vuelvas por aquí,
no necesitamos nada de ti.

IV

IV


Mi querido Alceo,
te escribo desde el confinamiento. 

Necesito saber de ti,
conectar con todo lo que viví. 

Sé que estamos juntos,
pero necesito saber si seguimos en nuestro mundo. 

Soy consciente de lo que oyes,
de lo que sientes al verme. 

Nadie mejor que tú
sabe lo que he vivido y pensado. 

Nadie me ha visto entrar por la puerta
con la cara descompuesta. 

Nadie ha oído
los pensamientos que todavía no han salido. 

Nadie excepto tú. 

Gracias por seguir estando a mi lado.
Gracias por querer vivir conmigo aislado. 

Esta cuarentena te revienta,
necesitas estirar las piernas,
lo sé, claro que lo sé. 

Ni te imaginas lo que necesito
ver el moreno de tu piel,
ahora solo noto tu palidez. 

Pronto saldrás a ver el mundo,
oxigenar tu sangre de mi veneno. 

Has sido mi antídoto
durante mucho tiempo,
pero todo tiene su límite. 

Gracias, mi Alceo,
el mortal que a este dios enamoró.

III

III


Estoy preparado. 

He empezado a plantearlo. 

Sí, sí. 

Como lo lees. 

Voy a empezar a borrar la censura,
a cometer locuras
y no llorar a oscuras. 

Voy a escribir las lágrimas
que me provocaron. 

Voy a describir a esas personas
que, con el alma rota,
me incitaron a ser mejor persona. 

Voy a borrar la sonrisa de su cara,
a demostrarle que ya no me importan. 

Esta cuarentena
me muestra
lo que hay detrás
de cada careta. 

¿Cómo tenéis tanta cara
de ser tan falsas?