Me he repetido una y otra vez que este año sería diferente.

Así será. Muy pronto vendrá algo muy especial.

SEGUNDO PLATO

Repudiado me han dejado, de segundo plato me han coronado.

2019 | PENSAMIENTO

Ya casi ha terminado el 2019 y todavía no sé cómo definirlo ni resumirlo porque en él he vivido unas emociones indescriptibles y, aunque me gustaría decir que no todo han sido buenas noticias, prefiero quedarme con ellas.
El año no empezó siendo nada en especial. Los míos me acompañaban, al igual que mi inspiración, pero ya en el primer trimestre mi pasado volvió a cruzarse en el camino dándome, con el tiempo, un nuevo miembro en mi equipo.
El año cada vez se volvía más duro y, con cada examen, mi inspiración se frustraba un poco más. Poco a poco iba creyendo que el fin de Orfeo se acercaba y eso me aterrorizaba.
El verano llegó y, con él, los actos en los que aproveché para hacer diferentes demandas que me permitían denunciar aquello que creía imparcial. Con ellos y, aunque no me lo había esperado, crecí muchísimo a nivel social y, sobre todo, profesional.
Publiqué mi libro y, aunque eso puede parecer lo más importante que me pudo haber pasado, sin duda, ha sido la futura llegada de aquella quien mordió la manzana.
Descubrí que no hay mejor amigo que uno mismo y que refugiarme en mí no está tan mal como yo creí.
A veces me enorgullezco de lo que he hecho, pero al mismo tiempo, me arrepiento de manifestar mis pensamientos así: como en este momentos.
Gracias a todos los que habéis formado parte de mi año.

MENTIRAS, NUEVAMENTE


«Eres diferente», «esto no se lo había contado a nadie antes», «me haces sentir especial». ¡Wow!, te salieron redondas las frases; me encantan, pero me las creí. Me las he comido con patatas, porque nunca he sido de confiar en nadie ¿sabes? De hecho soy desconfiado, desconfía de todos, pero pensaba que tus ojos no mentían y, fíjate, sí que lo hicieron.
Permíteme que te diga una cosa: lo malo es que tus ojos nunca más van a poder mirar a alguien como me han mirado a mí, así que espero que tus mentiras te aprovechen porque de verdad te van a hacer falta.
Yo no soy como los demás, a mí tus mentiras ya no me volverán a entrar en la cabeza. Sigue así, sigue fingiendo, que a mí ya no me verás entrar en tu juego.
Pronto estaré brindando por no tenerte en mi vida, porque tú también mereces tu reconocimiento en mi historia.

IMPOTENTE


Me siento impotente.
Impotente ante las injusticias de la vida. Procuro medir siempre mis palabras, ser cuidadoso con todo lo que digo y, de un momento a otro, de quien menos te lo esperas, las palabras se te clavan como dagas. Así, sin esperarlo, sin aviso, sin cuidado...
Como siempre, debo tragar, callarme y seguir siendo consciente con lo que digo, ya sabéis: por temor a herir a alguien, aunque nadie lo tenga hacia mí.


¿Acaso cometí algún error
al dejarme guiar por el corazón?

Lo que fuisteis para mí
no se puede describir.

Decíais llamaros familia;
la familia no despotrica,
no se aleja,
no lastima,
no cuentan mentiras...

Cada día espero despertarme
sabiendo que fue un sueño,
pero, al hacerlo,
veo que no puedo mentirme.

Siento cómo desaparecen los recuerdos,
aquellos que me unían a lo desconocido;
y no puedo decir que os he perdido,
porque no hay un día en el que no sueñe,
no llore,
no os borre...

Seguís siendo los mismos,
aquí ya no hay nada que arreglar,
nada que recuperar.

Despedíos de quien debéis
y dejadme a mí con lo que sabéis.

HORTENSIA


En mí tampoco han creído y ¿sabes qué? Que sigo aquí.
No puedo decir que el camino ha sido fácil, ni tampoco que lo esté siendo ahora. Siempre he vivido con la sensación de que todos me estaban dando falsas palabras, falsos argumentos por los que debería cambiar de camino y, los que no me decían nada, se limitaban a criticarme y menospreciarme.
Días antes de cumplir un sueño, una de las profesoras que tuve en mi instituto me recalcó varias veces algo que, a la vez, confirmaba lo que siempre he dicho: «por fin has demostrado de lo que eres capaz, sin importar que nadie diera un duro por ti». 
La sensación de paz que tuve en ese momento por las palabras de una de las personas que consiguió que me dedicara a este mundo, consiguió que mi mente hiciera un clic. Pulsó el interruptor de la esperanza.

Llevo desde entonces (casi 1 mes) con esas palabras en la cabeza y no os hacéis a la idea de cómo me siento.
Gracias a Hortensia Lago, seudónimo de mi profesora, me escondo en sus palabras cuando me siento bajo de ánimo y sin ganas de seguir.
Hoy he decidido aumentar la familia Alceo, Atenea, Fénix y Justo (aunque este no me importe) ya no estarán solos. 
Muchas gracias por haber subido la moral de alguien que lo necesita, Hortensia.


COMPLEJOS

Visto desde arriba, el vaso sigue estando vacío y, visto desde otra perspectiva, la vida no parece tan atractiva.
Busco la manera de desaparecer, cambiar de perspectiva para dejar de ser la víctima.
Miro mis complejos, los palpo y los siento. Me atormentan desde el pensamiento hasta mi cuerpo.
ORFEO
Una guerra constante, de piques y machaques. Tapo mis oídos, intentando no oírlos. Siempre entran, siempre se cuelan.
Vuelvo a tragar una vez más.
Orfeo,
En la mesa del Valle.

DIRECCIÓN: ORFEO
CÁMARA: FÉNIX
IDEA ORIGINAL: ORFEO
EDICIÓN: ORFEO

contacto: lospensamientosdeorfeo@gmail.com

ÓDIAME

Ódiame si te apetece. Guárdame rencor si lo necesitas. Clávame una estaca en el corazón si lo crees conveniente. Habla de mí lo que quieras y con quien quieras. 
¿Sientes que te robé a Alceo? Puede que lo que hice en realidad fue abrirle los ojos y mostrarle quién eres realmente.
Deja de pensar en ti y piensa en la felicidad de los demás. 

GRACIAS


Puede que me cueste reconocer que los sueños se hacen realidad, pero esta vez he de asumir que me equivocaba. Ayer, 4 de noviembre, tuve la oportunidad de presentar mi libro: Querofobia: Miedo a ti.
No sabría explicar lo que sentí antes, durante y después de el evento. Mi cabeza solo se centraba en no defraudar a los que iban a conocer mi trabajo. Mi mente solo quería no decepcionarme a mí una vez más.
Antes de que llegara el día, empecé a organizar todo lo que estuviera bajo mi poder y así fue. Comencé por elegir a la persona que fuera a presentarme antes de mi intervención y he de decir que fue la tarea más fácil de realizar porque no tuve ni que pensarlo, ya tenía a la persona en mi cabeza. Tras algunos intentos y esfuerzos mentales y reales, ya tenía el nombre: Zeltia.
No sé si alguna vez la mencioné, pero ella fue la primera profesora que me metió en las letras, la primera que me ayudó en la corrección de mis relatos y la primera que me apoyó en las inseguridades que me provocaba este evento. No tardó en responder y, muchos menos, en aceptar. Estuvimos teniendo largas tardes de organización porque, aunque no debería presumir de ello, ambos compartimos los mismos miedos y es lo que me hace estar más unido a ella.
Cuando ya llegó el día, me reencontré con Zeltia tras dos años sin vernos, era un déjà vu
andante, con su misma sonrisa y mirada que me seguía transmitiendo cuando aún no era Orfeo. Me ayudó a organizarlo todo antes de la llegada de la gente y esperé a que vinieran los invitados. Ambos estuvimos compartiendo pequeños detalles de nuestras vidas y nuestro nerviosismo, además de grandes consejos que, sin duda, me harán falta en el futuro. A pesar de que su mirada me transmitiera seguridad y tranquilidad, mi mente seguía pensando que no estábamos tomando un café, sino que estábamos esperando para recibir a la gente que sería testigo de nuestro primer trabajo juntos porque, desde ese momento, dejamos de tener una antigua relación de profesora-alumno a estar unidos por el compañerismo. Fue ahí cuando mi equipo creció incorporando a una profesional de la materia y, aunque parezca mentira, mi cabeza ya asimiló que la familia de Los pensamientos de Orfeo había crecido.
La gente comenzó a llegar, me empecé a sentir arropado por mi gente y por algún desconocido que estaba dispuesto a conocer mi trabajo. Por primera vez, familiares iban a ser testigos de lo que hago en mi ámbito personal, de poder opinar sobre lo que hago y pienso cuando nadie me ve.
El evento comenzó dando paso a la intervención de Zeltia. Sus palabras, llenas de sentimiento y cariño, me inundaron el corazón y la estabilidad de mi voz comenzó a temblar (aún sin haber empezado a hablar). Jamás pensé que me arrepentiría de haber elegido a Zeltia y, en ese momento, supe que no me había equivocado, que eso era lo que el destino decidió. Su discurso estaba plagado de nerviosismo y profesionalidad, dos sustantivos que jamás pensé que podrían estar unidos, pero, con ella, vi cómo se abrazaban y peleaban, venciendo la profesionalidad que desbordaba en cada palabra que pronunciaba.
Llegó el momento de hablar, de darle paso a mi corazón. En ese instante yo también me convertí en espectador, empecé a observar y escuchar lo que mi corazón decía. Las palabras se balanceaban y bailaban en un mismo tono, excepto cuando anclaba la mirada a mis seres queridos, entre ellos mi madre, mi padre, mi hermano y mi cuñada, Fénix, Atenea y, sobre todo, Alceo al que creo que solamente miré dos veces para evitar derrumbarme.
La gente parecía estar disfrutando de mi intervención y de los dos vídeos que reproduje para plasmar y apoyar el trabajo que tiene detrás esa parte de mi corazón. Mi mente seguía cuestionándose si lo estaba haciendo bien, aunque lo que más me seguía asombrando era que mi corazón era el que estaba tomando el timón. Mis compañeros llegaron un poco tarde, pero fueron tan puntuales que llegaron en el preciso instante en el que mi discurso estaba en el auge del sentimentalismo.
Al finalizar, la gente se acercó a comprar mis libros o, mejor dicho, a llevarse mi corazón a sus hogares, algo que todavía no me termino de creer. Todavía no asimilo que la gente vaya a ser consciente de lo que sentí y lo que viví.
Pronto subiré el vídeo y, a pesar de no haber podido asistir, quiero que viajes en el tiempo y lo reproduzcas cuando puedas.
Muchas gracias por haber estado y seguir estando.
Querofobia estará en dos meses a la venta y no puedo estar más nervioso y ansioso por saber las opiniones de mis seguidores.